CARTA AL HIJO QUE NUNCA TENDRÉ (Parte I)



Querido hijo:


Bueno, cómo te llamaré? Prometí no ponerte Luis Angel como yo, eso sería condenarte a repetir mi vida y (por todo lo que vas a leer) no creo que quieras tener una así. Te llamaré simplemente Luan. Luan? Sí, la contracción de mis nombres. Algo así como Juan, pero más original. Ok, es sólo para fines de dirigirte esta carta y te prometo que no irá así en tu futuro documento de identidad.


Pequeño Luan, te escribo un domingo 8 de enero del 2012. Son las 21:52 horas de la noche y es verano pero no hace tanto calor. Acabo de llegar a casa y tu abuela me ha recibido con un plato de comida que rechacé porque se me ha quitado el apetito, por eso te escribo con la panza vacía y el corazón triste. También estoy llorando. Sentado frente al monitor gimoteo bajito para no preocupar a tu abuela. Quién de seguro ya lo notó. He tenido muchas malas noticias hoy, algo se quebró en mí y he recibido llamadas del pasado que me han dejado intranquilo.


Empezó el año (que algunos pesimistas y la buena publicidad llaman el último) y tengo muchas cosas en mente! Proyectos que quisiera concretar, con la seguridad que algún día estés orgulloso de mí, optimista en que no se acabe el mundo este año y puedas nacer. Mis proyectos más cercanos son la obtención de un cartón que diga que soy todo un abogado y magister, aprender a bailar decentemente, la consolidación de mi independencia como hombre reflejada en mi mudanza a un departamento, bajar 10 kilos de sobrepeso, la publicación del libro de crónicas que estoy preparando, la compra de mi Smart TV (y Blurray, Home theater y PlayStation) y cómo no, encontrar a alguna buena compañera y cómplice que se arriesgue a estar con nosotros hasta el final.


Pero antes de continuar quiero disculparme contigo por la demora. He fallado en la misión más importante de mi vida, que es buscarte una buena madre. Perdóname ya debiste haber nacido. Los hijos de mis amigos, vecinos y colegas ya han nacido! Quienes disfrutan de las pequeñas cosas que nos regala el solo hecho de vivir. Sin embargo mi búsqueda fue incansable!


Pequeño Luan, y me avergüenza decirlo, busqué a tu mamá en varios sábados de juerga en todas las discotecas que he podido, sin resultados positivos. Mis pasos de bailes son fatales, estrafalarios y tan arrítmicos que las chicas huían de mí antes que pudiera preguntarles su nombre y aventurarme a pedirles su número de celular. Perdón por no ser un buen bailarín. Prometo ponerte a los 6 años en una academia de baile donde te enseñen marinera y baile moderno (que de seguro será el escandaloso baile que esté de moda en esos tiempos, pero me lo agradecerás a futuro).


He buscado a tu mamá en todas mis visitas a las librerías de Bolognesi y 2 de Mayo, bibliotecas, exposiciones, muestras pictóricas y demás, mirando de reojo a las escasas féminas que por allí cayeran, buscando a una intelectual, una genio! Pero claro que pensando en que heredes sus neuronas y no sufras en el colegio. Pero sólo encontré esas chicas que gustan de leer a Paulo Coelho, demás libros de autoayuda, best sellers tontos y hasta manualidades. Hace unos años estuve saliendo con una cusqueña genio en idiomas. Qué orgullo llamarla mi chica! Pero la perdí y ahora que veo sus fotos con su nuevo novio la noto más feliz que conmigo. Es una maldición que tengo! Todas la exs terminan teniendo un mejor futuro sin mí! Ascienden en sus trabajos, encuentran un mejor galán, se vuelven emprendedoras en grandes ciudades. Una maldición dije? Una bendición para ellas! Y me olvidan pronto! Yo les guardo un luto considerable de meses y ellas ni semanas!


A tu viejo le han roto el corazón varias veces hijo. No fui como tu abuelo: todo un canalla con las mujeres. Me gustaría que fueras un punto intermedio entre los dos. Mi tan gil ni tan pendejo. Pero tu abuelo sí supo escoger una buena mujer para ser mi madre y lo hizo antes de cumplir sus 25, en eso me lleva la ventaja. Yo tengo 26 y sigo en nada.


26 años!!! Nunca antes en mi vida me había sentido tan disconforme con mi edad. ¿26? Qué número para más aburrido, flojo y poco cabalístico. 25 y 27 esos buenos números! Pero con 26 me siento anacrónico, fuera de tiempo, viviendo un extraño Complejo del Siglo de Oro. A veces quisiera ser mayor y otras menor, no me decido. Conocí a buenos prospectos para ser tu madre pero eran mayores! Demonios, yo era un crío a su lado, vivo aún en casa de mi madre, y ellas ya buscan candidato a marido! Ni bien con 2 meses juntos me pedirían ellas el matrimonio! Pero eran mujeres interesantes, con mundo, apasionadas con su vida. Pero también me atrajeron menores, de hasta 20, y la verdad es que las aburría con mis historias. Me sentía como un abuelo achacoso, meciéndose y tratando de reconstruir vivencias de los buenos años a los nietos, con la poca memoria que me queda. Me llegaron a detestar y no contestaron mis llamadas.


Imaginario Luan, busqué a tu madre en esta vil tierra, en el mágico mundo virtual, en las religiones que pude, en los lugares que frecuenté, a veces tan sólo en rumores de su existencia. No buscaba a la mujer ni a la futura madre perfecta. A veces tan sólo me rendía ante su sencillez, su sonrisa, sus ojos, pero no pude conquistarlas ni con el mejor de mis pobres galanteos. Y es que siempre he sido muy torpe en esas lides. Mis exs podrían contarte todas mis pachotadas. No sé qué de bueno me vieron! Y bien por ellas que ya superaron esa etapa de su vida llamada “me-topé-con-LuisAngel”.


La contradicción es una de mis características principales. Y hablando de eso recuerdo que el año pasado un viejo brujo del Callao me dijo que por el simple hecho de ser un perfecto Virgo, era “débil en el amor”, Qué cosa? Un enamoradizo!, una veleta loca de sentimientos, un náufrago del corazón nadando a la primera isla para no ahogarme. Pero al inicio de este año, para sacarme el clavo de tan mal augurio, fui a donde una señora brujilda, quien me echó las hojas de coca en una banca y me dijo que encontraría pronto el amor, es más que ya lo había encontrado y que no me había dado cuenta, y que debía aventurarme al siguiente paso. Esas hojitas mensajeras de la suerte tiradas al viento me dieron más fuerzas, ánimos y seguridad que el mejor consejero sentimental. Pero Oh! Nuevamente yo y mis contradicciones…


Y heme aquí, Pequeño Luan. No sé porqué me da por escribirte justamente hoy, ahora. Debe ser porque que esta noche veo más imposible tu nacimiento. Ya tampoco veo tu rostro, no imagino el sonido de tu voz a los 6 años, ahora sólo eres un delirio mío, un yo más pequeño y joven en el espejo, quizá una gota escurridiza de semen en la noche, lo más puro de mí. Tu primer llanto está más distante que nunca. Antes podía pensar en el posible rostro de tu madre y ahora no. Ya se acabaron las últimas esperanzas y de qué manera!


A veces practico con tu futuro primo, mi actual y único sobrino, el gran Manuel Jesús “Piquito de Pollo”, el arte-ciencia de ser padre. No te me pongas celoso, pero me enternece tanto a sus casi 2 años, cuando yo llego a casa en las noches luego del trabajo y él sale corriendo desde la puerta de la cocina, tropezando a veces, gritando un claro y sonoro “¡Papá papá papá!” y se abraza a mi pierna con sus bracitos y nuevamente me pongo a llorar. Me hace llorar porque nadie le enseñó esa palabra! Nadie le enseñó a pronunciar “papá”! Porque su papá y el mío no están presentes, se fueron y la palabra “papá” está como proscrita dentro de la casa. Pero yo seré más hombre que esos 2. Pero de dónde aprendió esa palabra “Piquito de Pollo”? Sabrá ya lo que significa? Siente la ausencia de la figura paterna? Y lo abrazo muy fuerte y quisiera siempre cuidar esa cabecita, y velar porque conservara esos grandes ojos redondos y buenos que tiene. Y juro que haré lo mismo contigo mi Luan. Y sobretodo que no te dejaré. No te dejaré, así me equivoque en mi búsqueda de tu madre y elija a la peor de todas las mujeres de la tierra, no te dejaré. Tu madre nos podría dejar un día y yo te llevaría conmigo a donde sea. Y verás algo más que mi dinero, escucharás algo más que mi voz al teléfono… No pasarás lo mismo que yo. Te lo juro.


Quiero ser papá, quiero ser un buen papá. Con 26 años y ya me siento preparado? Hoy me dijeron que quiero ser papá porque me siento viejo y solo. Eso me dolió y me lo dijo un desconocido. Me dolió bastante. Quizá sí me sienta viejo. Sí, me siento solo. Pero estoy seguro que esos no son los motivos. Seguir buscando a tu mamá me llevará más tiempo, tal vez todo este año, tal vez nunca llegue, fracase en la búsqueda y nuevamente te pida pedón. Tal vez sólo serás el Pequeño Luan de mis cartas, para quien trato de hacer cosas pensando que algún día podrás sentirte orgulloso. Tu viejo es un optimista Luan, es un loco optimista, es un romántico, un maldito soñador, es un cursi idealista, no me canso de imaginar lo mejor y lo mejor que siento es ese deseo loco e inexplicable de ser papá que me nació hace unas semanas, ese querer darte todo y enseñar a ganártelo después y verte hecho un hombre de bien, mil veces mejor que tu padre. Si las probabilidades, el azar, la Divina Providencia, me permiten escuchar tu vocecita diciendo “papá te quiero mucho”, podrás darle ese día a tu viejo esa Paz que siempre buscó y darle la oportunidad de brindar todo ese amor que tenía contenido desde hacía 26 años y más.


Tacna, 08 de enero del 2012.

FURIOSO CORAZÓN DE PALTA (O “SIEMPRE TENDREMOS UNA MOQUEGUA”)


Sé que he dicho muchas veces, que odio esta ciudad a donde he ido a parar hace más de un año. He dicho a vecinos y compinches que odio la ignorancia, pereza y desunión de su gente, el desorden de su comercio ambulante, la estrechez de sus calles, su clima asfixiante, la escases de lugares donde irse a gastar unos soles. He mentido, puesto que Moquegua, al igual que Tacna, forma parte de mi identidad.

Aquí, se conocieron mis padres y se casaron, sin ser ninguno lugareño. Fue en el distrito de Torata (al que se suele decir llegan para contraer nupcias los amores jóvenes y prohibidos) donde Juana y Santos, ya hace más de treinta años, firmaron su Acta de Matrimonio bajo la dura mirada del Cerro Baúl y la completa ignorancia de sus padres.

Aquí fue enterrada Luz Maribel, la primera hermana. Tenemos una única foto suya antes de sufrir la pulmonía que se la llevaría y que rompería por primera vez el corazón de mamá. Esa foto es el único recuerdo que tenemos los hermanos, pues sus restos ya no yacen en el cementerio público del distrito de Samegua.

Aquí (o bueno) allá en el puerto de Ilo, he visto el mar más hermoso de la costa de mi país. He sentido la brisa más refrescante que recuerde.

Aquí he paladeado el mejor vino y el mejor coñac de mi vida (lo cual tal vez pueda decir que no bebo mucho). He bailado una noche como nunca con pequeños vasos de pisco de Quinistaquillas, de Omate y alrededores. He contado penas de amor probando Biondi y he saboreado un verdadero cuy chactado como en ninguna otra parte.

Aquí nació mi hermana Mónica, la mayor, tal como consta en el registro civil de la comuna provincial de Mariscal Nieto.

Sólo aquí he experimentado lo que es dormir en el suelo, el no tener televisión y el despertarse en silencio. Sólo aquí he llorado nostalgias durante una garúa. Sólo aquí comencé a recuperar la fe.

Aquí llegué a conseguir mi primer trabajo serio. Gracias al cual escuché a mi padre decir por única vez – y sólo por teléfono - “estoy orgulloso”. Gracias al cual mamá me abraza (o llora) cuando le dejo unos billetes para pagar los gastos de la casa. Gracias al cual le puedo comprar juguetes a mi sobrino quien dentro de poco cumplirá un año.

Aquí conocí el travieso y cálido amor de Marilia, la niña que tiene los ojos más redondos y buenos que conozco, salvo cuando se llena de orgullo por los errores de mi inmadurez. La que sigue siendo mi moqueguana favorita y la que me hace odiar las dos horas de viaje, llenas de ansia por besarla.

¿Cuánto tiempo esperaba quedarme? ¿Estaba repitiendo la historia de mis padres? ¿Era muy pronto para desear irme?

Moquegua, es parte de mi vida. Debe ser por eso que yo también tengo parte de sus defectos. Porque también soy ignorante ante la realidad, perezoso, desunido, desordenado, estrecho de mente y asfixiante con los que quiero.

Amo la ciudad que me acogió y acoge a mis paisanos, que les da una oportunidad.
Moquegua, pequeña ciudad y grande la remembranza que haré cuando regrese a mi tierra natal a contar que estuve aquí y que sobreviví a tus carencias y a los verdaderos encantos que recién empezaban a mostrarse ante mí, ser incrédulo ante la belleza.

Moquegua, 17 de enero de 2011

LA CANCIÓN DE LA CARRETERA

Hago todo muy rápido, me lo han hecho notar desde que vivo aquí: Camino muy rápido, escribo muy rápido, trabajo muy rápido, hablo muy rápido, almuerzo muy rápido, olvido muy rápido, me enamoro muy rápido. No me gusta perder tiempo: Odio esperar mi turno en el hospital, hacer fila en la tienda o en el banco, esperar a alguna chica en la plaza. El descubrirme la manga de la camisa para ver mi reloj de manijas, es uno de mis tics más comunes.

Me gustan las canciones con “velocidad”.

Es viernes en la tarde. Marco tarjeta sin ceder muchos segundos a mi horario. Camino, corro a mi cuarto. Meto toda la ropa sucia en bolsas negras y estas en mi maletín que explota. Compro mi pasaje a Tacna, siempre el “Flores” de las 05:30 pm, asiento 47 ventana. Al fondo y solo. Me pongo los audífonos y subo el volumen. Siempre escucho una canción con “velocidad” y cuya letra no entienda, alguna que no esté en inglés. Y hay días de buses vacíos, en que odio tanto la monotonía del viaje de dos horas, que subo también el volumen de mi voz y canto fuerte esas canciones “rápidas”, sin importar que me miren extrañados los de adelante. Me gusta abrir la ventana, sacarme los lentes y gritar a la carretera letras rápidas de canciones que sólo tienen sentido para mí. Siempre hay alguna en mi lista de reproducción para cada momento de mi vida. Ello, mientras paso por lugares ya conocidos: El Valle, Camiara, Locumba, Sama. Pero el viaje acaba y llego al terminal.

No me gustan los terminales (de bus).

Este lugar me parece siempre frío y triste, un lugar con historias inconclusas en sus ventanas, el sitio del adiós y del reencuentro. Nadie nunca me ha venido a despedir ni a recibir. No me gusta mucho este lugar, las canciones “rápidas”, la “velocidad” no funcionan aquí, prefiero sentarme a escuchar baladas lentas, esas que paralizan los abrazos de buen viaje y bienvenida, y hacen que uno levite con las maletas, incluso las que sólo se cargan con recuerdos. Esas pesan mucho y por eso ya aprendí a elegir mis canciones con cuidado: una para esperar el bus y otra para el viaje de retorno.

Moquegua, 01 de octubre de 2010.


CARTA PARA EL PEQUEÑO MANUEL JESÚS “PIQUITO DE POLLO”

Yo quería que fueras niña. Y es algo contradictorio: pues soy machista y me autodiagnostiqué misoginia hace ya muchos años. Pero qué más da… desde hace casi un mes soy tu tío, pequeño Manuel Jesús. Si me lo preguntas, creo que tu madre hizo muy bien en ponerte nombres tan castizos y cristianos. De pequeño quisiera llevarte a la misa y leerte la Biblia como un cuento, lo cual también es contradictorio, pues soy ateo. Pero quiero que reces en las noches a Dios y así nunca te sentirás solo como tu tío.

No quiero inculcarte mis ideas estúpidas sobre la vida y el amor, deseo que seas tú mismo el que saque sus propias conclusiones. No quiero que seas precoz. No quiero que seas un genio, sólo quiero que seas un niño normal. Quiero darte las alegrías más grandes, que son también las más simples (y baratas). ¿Serás tan económico Manuel Jesús? ¿Me pedirás juguetes muy caros en Navidad? Uf! ¡Eres una pequeña máquina “DesechaPampers”!

La vida…. Nunca conocí a mis tíos, ni a mis abuelos ni a ningún otro familiar. Crecí sin padre, perdí el habla de mis hermanos, mi madre enloqueció en soledad. Me hice viejo muy pronto. Nunca disfruté las cortas etapas de mi vida. No tuve amigos, nunca me enamoré. Pero te juro que tú tendrás todo eso, pequeño “piquito de pollo”. Vivirás.

Manuel Jesús, no creo en el personaje que inspira tu nombre. Pero creo en ti. Tengo Fe en ti. Cuando dijeron “nunca más”, cuando escuché… tantas otras cosas. Y así será siempre. Cuando me digan que aún te orinas en la cama, que jalaste el curso de matemáticas, que rompiste tal cosa en la sala con la pelota, que abandonaste la universidad, o cuando te lastimen el corazón… Manuel Jesús, SIEMPRE apostaré por ti.


Después de todo, eres el único milagro en el que creo.

Tacna, 27 de febrero de 2010.

DE CÓMO PUDO EL ÚLTIMO PICHÓN DE CONDOR DEJAR EL NIDO (O “MI NUEVA VIDA DE SOLTERO”)

En cierta etapa de mi vida, coincidieron casi de manera exacta 04 cosas: mis 24 años, mi bachillerato, un nuevo trabajo y la soledad más absoluta.

Mi vida era patética: No tenía pareja, ningún triunfo personal del cual presumir, vivía en casa de mis padres y ni siquiera podía decidir qué desayunar a la mañana siguiente. Conocidos míos ya tenían hijos, otros estaban casados, algunos viajaron a otras ciudades y no fueron pocos los que fueron dueños de su negocio.

Fue así que llegado el momento, renuncié a mi trabajo, abandoné mi casa y me largué sin despedirme.
Ahora puedo decir que soy más feliz, puesto que vivo solo y por fin tengo la vida de soltero que tanto añoré algún día. Lejos de los problemas de casa, lejos de los viejos recuerdos, esto es justo lo que necesito. Quiero creerlo así.

Pero sólo tendrás una vida de soltero, si tienes un cuarto de soltero. Me faltan muebles, pero me las arreglo por el momento. Pienso equiparlo muy bien con el primer sueldo. Comparto el mismo piso con un empleado del ministerio de trabajo, maniático de la limpieza y con un arquitecto de rasgos orientales dueño de un exótico tatuaje en el brazo. No me puedo quejar. Mi cuarto es pequeño pero lo suficientemente grande para acogerme y separarme del mundo. Y para mi completa sorpresa, ahora vivo en una calle con un nombre más que apropiado: “Calle Libertad”. ¡Debe de ser una señal! Tal vez este sea mi lugar.

Dicen que sólo existe una manera de “bautizar” un cuarto de soltero: trayendo a alguna mujer a mi nuevo cuarto. Por eso, luego de pagar 02 meses adelantados de alquiler, entro al Hi5 y busco a todas las chicas solteras de la ciudad en un rango de 20 a 25 años, que quieran “conocer hombres”, y las agrego a mis contactos, dejándoles directas invitaciones a conocer la intimidad de mis nuevos aposentos. Y en mi Messenger pongo la engañosa frase de “JOVEN PROFESIONAL EXITOSO BUSCA PAREJA”. Hasta el momento no recibo respuestas positivas, pero soy optimista. La vida de soltero involucra serlo.

Sin embargo extraño mucho mi casa, a mis hermanos, ¡incluso a mi cuñado! y también los viejos caminos por los que andaba casi a diario.
A veces, al levantarme en las noches, aún con el sueño en los ojos, pienso que estoy en mi antiguo cuarto (del cual no me he llevado ni la TV ni el DVD, dejándolo intacto) que cruzando el pasillo está mi familia durmiendo, mi hermano con la computadora prendida con música en lo alto, mi hermana y su novio roncando muy fuerte, y mi mamá sintonizando un canal rayado. Esos eran momentos de calma en mi familia.

Ahora entiendo que el tener una vida de soltero, debe significar también ser capaz de formar una familia propia algún día. Ojalá todavía no me llegue la hora: no estoy preparado para decir “te quiero” más allá de una noche.


Por último, es obvio que este soltero nunca superó la mamitis.
El metálico sonido de mi despertador, no es como la voz de mamá gritándome: “¡Luis, tu desayuno!”.
Mi cena en bolsa, no sabe igual a la que me guardaba mamá en un taper cuando llegaba muy noche.
Y la señora de la lavandería plancha tan mal mis camisas, que mi mamá la golpearía y le enseñaría ahí mismo: “¡A mi hijito no le dejas dos rayas!”

Regreso todos los fines de semana a casa. Al ver a mamá la abrazo muy fuerte. Pero llega el domingo y tengo que partir otra vez. Antes, mamá viajaba muy seguido y yo la despedía cargándole la maleta. Ahora ella ya no viaja por sus años, ahora es ella quien no entra a la casa hasta verme tomar el taxi que me conduce al terminal de buses. Y es por eso que la abrazo más fuerte al despedirme, como de seguro, como de hecho, hacen todos los hijos cuando se van de casa detrás de esa sacrificada vida de soltero, que creíamos tan fácil. Debe ser tan difícil como dejar de darle a brazos a tu madre.

Me costó mucho dejar el nido, mamá.


(Moquegua, 30 de septiembre de 2009)