DE CÓMO PUDO EL ÚLTIMO PICHÓN DE CONDOR DEJAR EL NIDO (O “MI NUEVA VIDA DE SOLTERO”)

En cierta etapa de mi vida, coincidieron casi de manera exacta 04 cosas: mis 24 años, mi bachillerato, un nuevo trabajo y la soledad más absoluta.

Mi vida era patética: No tenía pareja, ningún triunfo personal del cual presumir, vivía en casa de mis padres y ni siquiera podía decidir qué desayunar a la mañana siguiente. Conocidos míos ya tenían hijos, otros estaban casados, algunos viajaron a otras ciudades y no fueron pocos los que fueron dueños de su negocio.

Fue así que llegado el momento, renuncié a mi trabajo, abandoné mi casa y me largué sin despedirme.
Ahora puedo decir que soy más feliz, puesto que vivo solo y por fin tengo la vida de soltero que tanto añoré algún día. Lejos de los problemas de casa, lejos de los viejos recuerdos, esto es justo lo que necesito. Quiero creerlo así.

Pero sólo tendrás una vida de soltero, si tienes un cuarto de soltero. Me faltan muebles, pero me las arreglo por el momento. Pienso equiparlo muy bien con el primer sueldo. Comparto el mismo piso con un empleado del ministerio de trabajo, maniático de la limpieza y con un arquitecto de rasgos orientales dueño de un exótico tatuaje en el brazo. No me puedo quejar. Mi cuarto es pequeño pero lo suficientemente grande para acogerme y separarme del mundo. Y para mi completa sorpresa, ahora vivo en una calle con un nombre más que apropiado: “Calle Libertad”. ¡Debe de ser una señal! Tal vez este sea mi lugar.

Dicen que sólo existe una manera de “bautizar” un cuarto de soltero: trayendo a alguna mujer a mi nuevo cuarto. Por eso, luego de pagar 02 meses adelantados de alquiler, entro al Hi5 y busco a todas las chicas solteras de la ciudad en un rango de 20 a 25 años, que quieran “conocer hombres”, y las agrego a mis contactos, dejándoles directas invitaciones a conocer la intimidad de mis nuevos aposentos. Y en mi Messenger pongo la engañosa frase de “JOVEN PROFESIONAL EXITOSO BUSCA PAREJA”. Hasta el momento no recibo respuestas positivas, pero soy optimista. La vida de soltero involucra serlo.

Sin embargo extraño mucho mi casa, a mis hermanos, ¡incluso a mi cuñado! y también los viejos caminos por los que andaba casi a diario.
A veces, al levantarme en las noches, aún con el sueño en los ojos, pienso que estoy en mi antiguo cuarto (del cual no me he llevado ni la TV ni el DVD, dejándolo intacto) que cruzando el pasillo está mi familia durmiendo, mi hermano con la computadora prendida con música en lo alto, mi hermana y su novio roncando muy fuerte, y mi mamá sintonizando un canal rayado. Esos eran momentos de calma en mi familia.

Ahora entiendo que el tener una vida de soltero, debe significar también ser capaz de formar una familia propia algún día. Ojalá todavía no me llegue la hora: no estoy preparado para decir “te quiero” más allá de una noche.


Por último, es obvio que este soltero nunca superó la mamitis.
El metálico sonido de mi despertador, no es como la voz de mamá gritándome: “¡Luis, tu desayuno!”.
Mi cena en bolsa, no sabe igual a la que me guardaba mamá en un taper cuando llegaba muy noche.
Y la señora de la lavandería plancha tan mal mis camisas, que mi mamá la golpearía y le enseñaría ahí mismo: “¡A mi hijito no le dejas dos rayas!”

Regreso todos los fines de semana a casa. Al ver a mamá la abrazo muy fuerte. Pero llega el domingo y tengo que partir otra vez. Antes, mamá viajaba muy seguido y yo la despedía cargándole la maleta. Ahora ella ya no viaja por sus años, ahora es ella quien no entra a la casa hasta verme tomar el taxi que me conduce al terminal de buses. Y es por eso que la abrazo más fuerte al despedirme, como de seguro, como de hecho, hacen todos los hijos cuando se van de casa detrás de esa sacrificada vida de soltero, que creíamos tan fácil. Debe ser tan difícil como dejar de darle a brazos a tu madre.

Me costó mucho dejar el nido, mamá.


(Moquegua, 30 de septiembre de 2009)

EN EL “II FESTIVAL INTERNACIONAL DEL RECUERDO” (O “LAS BALADAS Y LOS EX AMORES”)

“Los Cronopios se enamoran sólo una vez al año” L.A.

Hace una semana creí estar enamorado. Para comprobarlo compré una entrada para el “II Festival Internacional del Recuerdo”. Se presentarían “Los Pasteles Verdes”, “Los Galos de Chile” y mis favoritos “Los Iracundos de Uruguay”, cuyas letras he venido memorizando todos los días por el MP3.

La juventud de hoy es menos romántica que ayer. Lo sé por el hecho de que ya pocos gustan de las clásicas baladas de amor. Invito (por chat) a una chica al concierto de “Los Iracundos” y ella me da a entender que “esa” es música de viejos, que soy un anticuado, un aburrido por gustar de esas canciones que ya quedaron empolvadas en el vinilo.

Aquella noche del concierto llegué temprano. La cola para el ingreso al Coliseo Cerrado Perú era larguísima, toda una cuadra de cabezas canas en la fila. Gran parte del público eran abuelos que venían a ver a sus ídolos de los 70´s. Aprovisionado de palomitas de maíz de inmediato me refugié en los lugares altos con otros señores de caras tristes y solitarias. A las 7:30 nuestros traseros se congelaban en las gradas de cemento, siendo necesario o prender unos cigarrillos o ponernos cualquier cosa en las nalgas para aplacar el frío. Frente al escenario distingo a una ex, Verónica. Cuyo actual ¿esposo? trabaja para la empresa encargada de las luces y el sonido, y por lo tanto la veo siempre en zona vip en todos los conciertos de la ciudad. Se le ve feliz. Todas son felices cuando me dejan.

Los Pasteles Verdes hacen su entrada (8:05pm) por detrás del escenario, con sus touxedos y sus corbatas michi. De inmediato conectan las guitarras, prueban la batería, los teclados y están listos. La voz del presentador desparece, se apagan las luces blancas, se prenden las verdes y rojas. Se escucha una voz potentísima cargada de añeja nostalgia. El público enloquece, las abuelitas gritan, los viejos tiran sus muletas. Parecen una barra brava (revejida 40 años) rugiendo ante un gol. Desde sus clásicos “”, hasta “El rock de la cárcel”, “La Plaga”, “Se ha muerto mi abuelo” (que irónicamente todos los tíos bailaron) y terminando en la devastadora “Hipocresía”.
Pasados 15 minutos, “Los Iracundos” ya hacen estremecer los marcapasos del público con temas como "Calla", "Todo terminó", "El desengaño", "La lluvia terminó" "Felicidad, felicidad", y "Es la lluvia que cae". Todos rabian al terminar de escuchar “Puerto Montt”.
Con los viejos de la última fila cantamos sin cesar. Si hubiéramos podido ingresar trago, seríamos un gran espectáculo.
Cuando cantan mi favorita “Te lo pido de rodillas”, canto, grito como poseído. Llamo inmediatamente a Mayra para que escuche aquellas palabras de coraje. Cuando interpretan “Te has quedado sola” saco el celular y busco el nombre de Ingrith, pero recuerdo que borré su número al decirle adiós. Intento llamar a Margeory, pero no contesta; a la mañana siguiente me dejaría un mensaje con un seco “qué tienes”.

Es el final. Por aquellas canciones que no pudieron regalarnos, interpretan una última, la canción de fe, amor y esperanza: “El Triunfador” más conocido como “…con el saco sobre el hombro”. Es cuando antes de interpretarla, las palabras del vocalista me dejan pensando. El fallecido fundador y eterno vocalista, Eduardo Franco, las compuso creyendo en el amor en su estado más puro, y murió convencido de ello, estando seguro de la existencia de un sentimiento así. Pues esa noche, todos le rendimos mal que a él, al sentimiento en el que siempre creyó.
“Los Galos de Chile” ya es otra historia…

Gracias Jessica.
Pero no me creo esa historia tuya, de que estás a punto de terminar (luego de una relación de 4 años) con tu enamorado (8 años mayor). Tengo cada día más ganas de enamorarme y ojalá haya más baladas para sufrir. Como aquellas que ya no se escriben tanto. Ya que para que nazca una de esas canciones, a un hombre tiene que destrozársele el corazón. Y somos pocos los hombres que queremos confesar ello. Somos pocos los que queremos confesar que chicas como tú, nos destrozan el corazón una vez al año.

Tacna, 27 de julio de 2009.

EN EL DÍA DEL AMIGO: A LA SALUD DE LOS AMIGOS AUSENTES (O LA CERVEZA Y LOS HOMBRES)

“Chelita” es la única rubia que une a todos los hombres,
Ya sean tu promo, tus patas o como los nombres.

Ella es fiel y dispuesta, la única rubia que no nos excita,
La amamos los flacos, aunque nos saque pancita.

En ella invertimos nuestro sueldo de empleado,
Por eso me pone triste esta noche, “Chelita”, el haberte meado.

“¡A la mierda las mujeres! ¡Todas son putas!” Cantaremos,
No como tú, Chela mi amor, luego te pagaremos.

No estoy mareado, me haces ver un mundo diferente,
¡De aquí no me sacan, aunque venga otro cliente!

Y antes que diga huevadas, hable solo y me pique,
Sigámosla “Chelita”, en una discoteca, un bar u otro huarique.

Por eso esta noche, sin amigos, luego de que las chicas fumonas se han ido,
Busco al mozo y con voz de borracho y ganas le pido…

“¡Una cerveza carajo! ¡Rápido! ¡Una jarra heladita!”
¡Qué fría eres mi amor! ¡Pero qué rica estás “Chelita”!


Tacna, 05 de julio de 2009.



MOMENTOS CON MI CHELA:


“CHURAÑA PACHAMAMA” (O LA NOCHE QUE EL INCA APRENDIÓ A BAILAR)

Poma de Ayala nunca lo plasmó en sus dibujos, ni Garcilaso de la Vega le dedicó al asunto una sola línea de sus crónicas, pero sepan todos que al Inca le gustaba bailar.

Imaginarse al poderoso Inca danzar, involucra muchas cosas.
Al caer la noche previa al Inti Raymi, el Inca acudía en harapos al Acllahuasi y raptaba a la doncella dueña de una cabellera más oscura que sus ojos. La adentraba en su palacio amurallado y la recostaba sobre las mantas más finas. El Inca la miraba desde el fuego mientras chacchaba Coca y escuchaba lastimeras tonadas de quenas y zampoñas. Después se acercaba, le ofrecía a la joven en un vaso dorado un brebaje caliente de hierbas, tal vez Ayahuasca. Ella lo veía con los ojos clavados en su ropaje real y lo bebía en silencio tratando de entender la tristeza de su Señor. Cuando la música tocaba sus notas más altas y el fuego se avivaba, el Inca esbozaba una sonrisa y los dos se ponían a bailar toda la noche sin dirigirse la palabra. Ya cansado y recostados en pieles suaves, el Inca cogía a la virgen de la mano, la atraía a su áspero pecho y susurrándole en Runasimi palabras de soledad, le hacía el amor con la rudeza y la ternura que sólo poseen los hijos del Sol.

Hoy en día el Inca se levanta temprano un martes luego de una tremenda “huasca”, mira el despertador y piensa que “Qué chucha, llegaré tarde”. Contratado por el Gobierno Regional de Tacna acude al “Churaña Pachamama” a realizarse en el Centro Arqueológico de Miculla. Pero lo que lo hace el Inca ideal, no es su cabellera larga, ni su disfraz que involucra Mascaypacha y plumas de Korekenke, nada de eso. Sino su nariz aguileña, la típica nariz peruana que resalta como un adorno más.

Son las 8 pm y está muerto de frío por usar una falda, presencia un espectáculo patético, una pobre imitación de un “pago a la tierra”. Y maldice su suerte por tocarle de compañera una Ccolla recontra fea. Y ahora sí, a bailar. Pero nuestro Inca vive en el populoso y pujante distrito de Ciudad Nueva y escucha Metal y Punk (por eso el cabello largo) y el “pogeo” es lo más cercano que conoce a “moverse con música”. Así que intenta tratar de mover los pies torpemente. Baila con su Ccolla, con una gringa turista, con una chibola. Se siente ridículo pero nadie recae en lo cojo y arrítmico que se ve. Al terminar tiene que soportar tomarse una foto con todo aquel que se lo pida. "Es como si fuera Timoteo" piensa.


Ahora sí, terminó todo. Se quita las prendas reales y da un suspiro de cansancio. Se pone su polo, su jean ancho, sus enormes zapatillas blancas e intenta llegar a una cita con su chica en Pocollay. Es la “Noche de San Juan”. Pero no va para bailar, quiere tomar y escuchar música, contarle a su chica que todo salió bien, que ganó algo plata antes de venir. Pero además quiere contarle su inquietante sueño de anoche: Que se encontraba desnudo en un cuarto dorado, dormido en los pechos de una mujer, quien lloraba y le hablaba con cariño, pero a quien no entendía ni una palabra.

NOTA: El Inca creyó en la reincarnación, incluso tan profundamente que lo enterraban en la posición de un feto para facilitar el renacimiento.

Tacna, 28 de junio de 2009.

YA SOMOS DOS VIEJOS, MI VIEJO

A Santos, mi padre.

En Dic.2007 escribí un cuento para un concurso literario organizado por la Región Policial Tacna.
Bajo el trillado seudónimo de “Unicornio Azul” gané aquella vez contando mentiras, lo gané hablando de mi viejo. En el, hablo de un padre de familia, de un héroe, de sacrificio, de un hijo agradecido.

Cuando cumplía los 15 se fue para la zona de la selva faltando un par de años para que se jubilara de policía. Dijo algo de “terrorismo”, “más plata” y se fue dejando a su familia. A todas sus familias.

Ahora mi hermano es un dark de pelo largo que dejó la universidad. Mi hermana trabaja pero convive (en nuestra casa) con un perfecto borracho. Su (todavía) esposa, mamá, ahora gusta de misas y en los velorios sólo se queja de la comida, y se va temprano sin regalar una lágrima al difunto. Y yo… pues yo quisiera parecerme a ellos, ser libre, embrutecerme de amor y creer en Dios. Tanto cambió todo cuando se fue.

Viejo. Tú nunca me hablaste del amor, ni del sexo, nunca me diste el más sencillo consejo para aquella “chica especial”, todo lo tuve que averiguar por rumores y a escondidas ¡Dios bendiga el Internet! Es más, creo que no me enseñaste nada. Mi hermano me enseñó a pelear (o a recibir golpes), y también a sostener un revólver, tu arma reglamentaria que dejabas luego de almorzar para ver el partido. ¡Dios, no me enseñaste ni a jugar fútbol! No te culpo que nunca me hayas enseñado a montar bicicleta, no pudiste comprarme una cuando era chico. ¡Pero a jugar fútbol! Y ahora que lo recuerdo, aprendí a hacer un nudo de corbata viendo “American Pie”, Por su parte, Homero Simpson me dio cátedra sobre los beneficios de una buena afeitada de bigote y barba. Una profesora de religión me enseñó las bondades de usar el condón.

Viejo. Sé que no regresarás y morirás lejos allá en la selva. Porque si como me dice la vieja hasta el hartazgo, si es cierto que me parezco un poco a ti, estoy seguro que no volverás para que te veamos ya cansado y hecho un anciano. De seguro, y lo entiendo, quieres ser libre en sus últimos días. De seguro andas con otra mujer muy joven o ya la embarazaste, sé que mamá lo sabe muy bien.

El viejo aún está fuerte, aún no tiene suficientes canas y sabe ocultar la calvicie, prefiere ver crecer sus campos de arroz y ser capataz en el pequeño pueblo de San Pablo, que cuidar las calles, los bancos, o la comisaría. Quiere ser padre y no abuelo. Quiere cometer aún errores en las noches con las mujeres y no dar consejos en las tardes a los nietos. Sólo a veces tu voz se escuchaba apagada por el teléfono como conteniendo un secreto, como queriendo pedir perdón por años de ausencia.

Ya somos dos viejos mi viejo. Ahora intento trabajar para que nunca más tengamos que pagar deudas con tu dinero e intento escribir cuentos en tu nombre para llegar a creerme las historias que me hablan de un buen padre.


NOTA: Hasta donde supe, el cuento en mención se publicó en la edición Ene-Feb.2008 de la Revista de la Policía Nacional del Perú.

Tacna, 21 de junio de 2009